LA IED en Latam y Argentina en 2016.

07/04/2017 por

Informe DNI: 161

Marzo 2016

 

La inversión extranjera cayó en el mundo y en LatAm en 2016

En Argentina, en un año de normalización financiera y de dificultad para avanzar con reformas,  la IED solo llego a 5.745 millones de dólares

LA INVERSIÓN EXTRANJERA NO CRECE EN ARGENTINA, Y PARA LOGRAR UNA MEJORA SERA NECESARIO INTENSIFICAR LAS REFORMAS

 

  1. INTRODUCCIÓN

En 2016 los flujos de inversión extranjera directa (IED) en el mundo descendieron 13% (según UNCTAD). Alcanzaron de todos modos la suma de 1,53 billones de dólares (hacia todos los destinos).

El descenso se produce después de que en 2015 los flujos de IED en el mundo habían logrado una cifra récord, la más alta desde 2007 (1.750 billones de dólares). La IED de 2016 en el mundo fue de todos modos superior a la de 2014 (1.270 billones), 2013 (1.470 billones) y 2012 (1.430 billones) y fue más baja que la de 2011 (1.610 billones).

La recepción de IED en el mundo en 2016 creció levemente en Norteamérica (6%) y también se elevo en países desarrollados no Europeos (Australia y Japón, por ejemplo), y decreció fuertemente en Europa (29%) y Asia emergente (22%).

El descenso, sin embargo, exhibe las dificultades para los negocios internacionales sufridas en 2016 en el mundo.

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Puntualmente el flujo de IED hacia Latino américa descendió 19% (UNCTAD) en 2016.

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Brasil fue el único país Latinoamericano (pese a su crisis) que (como ocurre desde hace algún tiempo ya) figura en el selecto grupo de 10 principales receptores de IED en el mundo. En 2016 fue (según UNCTAD) el 5to principal receptor de IED;si se considera a China y Hong Kong como único mercado; o el 6to si se separan esos dos mercados; y ha perdido una posición en esa lista (había sido el 5to o el 4to según como se considere China en 2015).

De todos modos, el flujo de ingreso de IED en Brasil ha descendido desde unos 65 mil millones de dólares en 2015 a unos 50 mil millones en 2016.

Los otros principales receptores de la región fueron México (con unos 26 mil millones de dólares en 2016, aunque había recibido 33 mil millones en 2015) y Chile (unos 11 mil millones, mientras había recibido unos 16 mil millones en 2015).

 

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  1. LA IED EN ARGENTINA

Conforme ha publicado INDEC, la IED en Argentina en 2016 alcanzó 5.745 millones de dólares de IED.

De tal modo que, en principio (y exponiendo de modo preliminar) puede decirse que la IED ha caído fuertemente comparándola con la del ejercicio anterior, dado que en 2015 había sumado 11.759 millones de dólares. Y que por ende nos hallaríamos ante un descenso de alrededor de 50%.

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Pero hay observaciones que hacer al respecto.

Efectivamente al parecer la IED en Argentina estaría mostrando en 2016 cifras anuales sustancialmente inferiores a la de 2015 y que superarían en casi 15% a los bajos niveles nominales absolutos de IED de 2014 (de 5.067 millones). Las cifras nominales de 2016 son también más bajas que todos los períodos transcurridos desde 2009 (cuando se obtuvieron 4.017 millones de dólares) salvo el referido 2014; y hay que remontarse a la primer década del siglo XXI para encontrar cifras más bajas que las del último reciente 2016.

Esto volvería a poner a Argentina en el bajo promedio en mucho tiempo de muy débil recepción de IED.

Sin embargo, no es pertinente comparar “en crudo” los resultados de 2015 con los de 2016. Efectivamente, en 2015, por la vigencia del denominado “cepo cambiario”, las empresas internacionales y extranjeras presentes en Argentina tenían vedado el envio de dividendos al exterior y estaban por ello forzadas a reinvertir utilidades en Argentina, lo que las estadísticas mostraban como IED. Ello generaba una alza “artificial” del resultado.

Esto antes descrito, además, pese a que no mejoraba demasiado sustancialmente la posición de Argentina comparadola con otros países de la región, la puso en niveles (siendo aún bajos comparados con sus vecinos) mejores que los que hubiese tenido de haber existido condiciones de libertad como las actuales.

 

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Efectivamente, en 2015, al menos un 75% de la IED en Argentina fue causado por re-inversión de utilidades, por lo que los datos de 2015 están distorsionados y no es apropiada la comparación en la medida en que en 2016 (eliminado el cepo) muchas empresas volvieron a enviar dividendos al exterior.

Concretamente en 2015 se pudieron computar 6.180 millones de dólares como re-inversión de utilidades. En el mismo 2015 los aportes netos en empresas locales de inversores no residentes generaron u$s 4.290 millones, de los cuales  465 millones de dólares correspondieron a capitalizaciones de deudas, por lo que los aportes en efectivo y bienes o derechos alcanzaron los 3.825 millones de dólares durante el 2015, aunque de ellos se registraron ingresos netos a través del Mercado Único y Libre de Cambios (MULC) por solo unos 1.350 millones de dólares.

En la región, computando lo observado en los últimos tiempos, el principal componente de la IED son los aportes de capital (50%). Luego, la re-inversión de utilidades ha explicado en los últimos años en la región en general solo el 25% del total de la IED. En Argentina en cambio, la re-inversión (en gran medida forzada por el “cepo” hasta el año pasado) fue el gran componente en los últimos años.

Por ende, puede decirse que la IEDobenida en 2016 estaría en niveles reales no muy distintos de 2015. Pero también debe decirse que sigue muy debajo de la que reciben nuestros vecinos comparables.

Como atenuante hay que considerar que -como un “efecto boomerang”-, no poca salida de utilidades retenidas anteriormente por restricciones impuestas por el gobierno (administración anterior) en 2016 ha afectado el resultado. Y además debe considerarse que en toda la región –como se expuso mas arriba- la IED ha descendido 19%, por lo que Argentina también estaría afectada por la circunstancia regional.

Pero en otro sentido, también esto implica que en modo alguno se ha producido el incremento esperado por la administración del gobierno del Presidente Macri en materia de incremento de IED.

Y este fenómeno, por otro lado, no parece ajeno a uno mas integral pero que lo incluye: La Argentina no pudo aún incrementar su tasa de inversión domestica (no solo la externa)  y es el país de Sudamérica con peor resultado en ese plano exceptuando a Venezuela.

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La administración del Presidente Macri se ha propuesto modificar una realidad: Argentina había sido un país de relevante participación de la IED por muchos años pero en los últimos años quedó fuera de los grandes flujos y ello ha hecho que el acervo de IED en el país sea más bajo que economías más grandes como México o Brasil pero también que el de Colombia y Chile, y no demasiado mayor al de Perú.

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Esto ocurre dado que nuestro país ha estado fuera de los principales espacios integrados de producción global durante años. El gráfico siguiente lo muestra.

 

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Esto es: Argentina requiere inversión porque su tasa de formación de capital físico es baja, encuentra en la IED un auxilio potencial (la capacidad de generar inversión domestica parece débil), pero choca contra un debilitamiento en los últimos años de la presencia de inversión extranjera en el país, con un entorno que debe ser corregido pero que para ello requerirá esfuerzo y paciencia, y con un contexto en el que la IED ha decrecido en la región.

Una muestra de la debilidad en esta materia (que no se ha corregido en 2016 pese a que la administración del Presidente Macri ha puesto a la recepción de IED como prioridad) es que el porcentaje de IED recibida por Argentina en relación al total ingresado en Latinoamérica. Es de 4,25%. En 2015 (con la salvedad del impacto distorsionando resultado del “cepo” al que se hace referencia más arriba) Argentina había recibido el (ya nada generoso) 6,5% del total regional. Antes, en 2014 la participación argentina fue la peor en mucho tiempo (2,5%), y en los años anteriores Argentina recibió el 5% (2013), 7,4% (2012), 7,2% (2011) y 6,5% (2010) del total regional.

Argentina recibe porcentajes de IED muy menores en relación a la participación de su economía en el total regional.

Es oportuno advertir al respecto que si se analiza una serie más larga se comprende la enorme pérdida de relevancia relativa argentina. En el último lustro del siglo XX, Argentina había recibido 15,75% del total de IED de Latinoamérica y el Caribe (un promedio anual en el período 95/99 -último lustro del siglo XX- de 10.599 millones de dólares anuales en el lapso, mientras la región recibió en esos 5 años un promedio de 67.295 millones de dólares anuales). Resulta notable observar que Argentina recibía hace 20 años cifras nominales mayores de IED que en los años actuales, mientras la región elevó la recepción de IED desde unos 22.000 millones de dólares (promedio 90/95) a unos 110.000 millones en 2005, unos 113.000 millones en 2010, unos 165.000 en 2015 y unos 135.000 en 2016.

Ahora bien, parece que el cambio que espera la nueva administración requeriría más transformaciones para generar los resultados esperados.

Ya no se trata de no ver con ojos críticos la IED (como ocurría antes y ahora no ocurre), sino de, tratando de promoverla, saber qué es lo que debe ser hecho para lograr mejores resultados y poder lograrlo.

 

 

  1. QUE DEBE OCURRIR PARA MEJORAR LA LLEGADA DE IED
  • Algunos estudios teóricos

La llegada de inversión extranjera no obedece solo a buenos propósitos sino a la instauración de un entorno de negocios adecuado.

          Diversos estudios dan cuenta de los factores que empíricamente se han relevado como pilares de una mejor recepción de IED y pueden ser una guía.

Un primer ejemplo de ello es lo que el World Economic Fourm publicó hace un tiempo, en un estudio en el que destaca los siguientes factores:

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Impuestos, infraestructura, regulaciones laborales, burocracia gubernamental, honestidad en el entorno, financiamiento, capital humano, delito, regulaciones macroeconómicas, son diversos factores relevantes.

Otro ejemplo es el Global Competitive Index, que prevé los siguientes “12 pilares” de la competitividad que justifican decisiones como las analizadas :

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Los 12 pilares de competitividad de este trabajo parecen ser plataforma para la IED. Instituciones, Infraestructura, entorno macroeconómico, educación y salud públicas, eficiencia de los mercados, tecnología disponible, amplitud del mercado, calidad en la ejecución de los negocios, aparecen como relevantes.

Por su lado y en tercer lugar, el A.T.Kearney Index prevé los siguientes factores como relevantes para explicar la llegada de IED: dimensión del mercado, transparencia y corrupción, seguridad pública, innovación en el ambiente, instituciones tributarias, regulaciones laborales, apertura comercial financiera y de capitales, incentivos, acceso a recursos, acuerdos comerciales internacionales, vigencia del derecho de propiedad e infraestructura.

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  • Algunos componentes prácticos del entorno para la IED

Además de estudios varios, hay componentes del contexto que influyen según la evidencia empírica lo releva.

Así, y sin pretender abordar todos los factores que explican al IED, y tan solo para nombrar algunos, en primer lugar es relevante destacar que  el “entorno regulatorio” es un elemento crítico para la recepción de IED. Este está compuesto por (como principales factores) presión tributaria, instituciones del derecho laboral, formalidades en las gestiones ante la administración, instituciones del derecho comercial, civil y financiero, regulaciones al ejercicio de actividades económicas, etc.

El cuadro siguiente exhibe la posición de Argentina en la materia, ubicada junto Bolivia y Venezuela como una de las economías con más problemas regulatorios (Fuente OECD)

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Dentro de esa complejidad antes referida debe decirse que se halla (como uno de los componentes del entorno regulatorio) la presión tributaria, que  es a la vez un elemento crítico en las consideraciones de los inversores.

Argentina exhibe -como se observa en el gráfico siguiente y como lo han mostrado distintos estudios comparativos-  una alta presión tributaria comparada en la región.

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En segundo lugar, la apertura comercial parece muy relevante para la recepción de IED, en la medida en que la IED requiere importaciones y exportaciones (diversos estudios ponen a las importaciones, por caso, como contenido del 30% en las inversiones en el mundo).

 Ante esto debe decirse que la Argentina sigue teniendo baja participación de las exportaciones y las importaciones en el PBI (de alrededor de 15% mientras en el mundo ronda el 28%) y sigue discutiendo si debe elevar su escaso nivel de importaciones en la economía.

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Además, puntualmente puede considerarse según datos de UNCTAD, que los principales receptores de IED en el mundo son países que ingresan en una de tres posibles categorías: son grandes economías por el tamaño de su mercado o por la dimensión de su PBI; son grandes exportadores o importadores en términos absolutos; o son países con un grado elevado o al menos medio/alto de integración internacional.

Corresponden por ejemplo a las primeras dos categorías EEUU o China (ingresan en la primera y la segunda) o Brasil (ingresa en la primera); y a la tercera Malasia, México o Sudáfrica. Y no pocos países responden a dos o aun las tres cualidades.

Así, si se analiza a los 20 principales receptores de inversión extranjera directa en el mundo se descubre que la lista está encabezada por EEUU, que es el 2do principal exportador del mundo y el principal importador; y por China, que es el principal exportador y el segundo mayor importador. Luego está entre los principales receptores de IED Alemania, el tercer exportador e importador del mundo; seguido de Japón, el 4to exportador e importador mundial; Holanda (5to exportador y 8vo importador del mundo) y Alemania (3er exportador y 3er importador del mundo). Todos ellos son los principales receptores de IED.

Pero también están en la lista (a continuación) de 20 principales receptores de inversión extranjera en el mundo Francia (8vo exportador y el 6to importador mundial); Corea del Sur (6to exportador y el 9no importador mundial); el Reino Unido (9no exportador y 5to importador); Hong Kong (7mo exportador e importador mundial); Italia (10mo exportador  y 11vo importador del mundo); y Canadá (11mo exportador y 10mo importador mundial).

Y, por otro lado, también dentro de los 20 principales receptores de IED en el mundo están países que no son los principales actores del comercio mundial en términos absolutos, pero que gozan en sus economías de una gran incidencia relativa del comercio internacional. Ellos son Australia (las exportaciones equivalen al 20% de su PBI), Turquía (al 28% del PBI), Chile (al 30% del PBI), México (al 35%), Suiza (al 63%), Irlanda (al 121%), Singapur (al 176%), Hong Kong (al 201%), Luxemburgo (al 213%), e India (el 23%).

Como se dijo Canadá esta en esa lista de principales receptores de IED y genera exportaciones que equivalen al 31% de su PBI, mientras otros miembros de la lista como Bélgica (tiene exportaciones que equivalen al 84% de su PBI) y Turquía (tiene exportaciones que representan 28% de su PBI) son también países muy vinculados comercialmente.

Finalmente dentro de esta elite de receptores de IED se encuentra Brasil, el 25vo exportador e importador mundial, pero que tiene exportaciones que representan solo el 13% de su PBI. Se trata del único caso que no está entre los mejores exportadores en términos absolutos y tiene una baja participación del comercio internacional en su PBI, pero tiene un elemento que explica su condición; es la séptima economía mundial por la dimensión de su PBI y su mercado de 200 millones de consumidores (que se expande 50% si se considera a sus socios del Mercosur) le permiten explicar su circunstancia.

Por ende, puede afirmarse que (entre otras razones) una futura mejor capacidad de relacionamiento comercial de Argentina aparece, según la evidencia, como un eslabón crítico a ser construido para la mejora en las condicione que alienten la inversión internacional.

Puede decirse que en los últimos años la Argentina había reducido su participación en el comercio mundial de modo alarmante (mientras genera 0,8% del PBI mundial, solo lo hace en 0.4% del comercio mundial) y que en 2016 eso no ha cambiado sustancialmente. Hoy Argentina está entre las  economías de menos incidencia del comercio internacional en su PBI.

Adicionalmente, y en tercer lugar también la conflictividad social es un factor relevante. Y el modo de canalizar la disconformidad marca la calidad institucional.

El siguiente gráfico publicado en un trabajo por la UN exhibe los diversos modos de canalizar la disconformidad, y la calificación de ellos según la compatibilidad con un ambiente más democrático, y permiten hacer un ejercicio sobre donde de ubica Argentina  en la materia.

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Como se ve, la acción directa aparece como el modo de construir critica en la oposición de modo más radical a excepción de la violencia y sabotaje. Esta vía, muy usada en Argentina,  aparece como menos moderada que otras como el lobby, la discusión en audiencias públicas, el efectuar moderadas manifestaciones o compartir instituciones de negociación. La crudeza del reclamo aparece con un desincentivo.

Finalmente, y en cuarto lugar, como enseñan Roger Kaufman y Mariano Bernárdez, la construcción de “capital institucional” (marco normativo virtuoso general), “capital relacional”(propensión a integrar cadenas y asociaciones productivas y arquitecturas vinculares valiosas entre los actores) y “capital organizacional”(eficiencia microeconómica) son críticos para estos asuntos (y es claro que en Argentina hay aun serias dificultades en la materia, en la medida en que -entre otras cuestiones- se discute el modo de hacer vigente la ley, hay problemas de valores predominantes y consensos básicos, las cadenas productivas están fragmentadas, la desconfianza entre los actores es alta y la productividad es baja).

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  • Una integración de los diversos componentes analizados

Puede servir, para resumir las diversas previsiones privadas, el siguiente listado de factores en los que se basa la IED, que pueden sintetizar en 8 principales condiciones mucho de lo que se ha visto más arriba.

Ellos son: escala del mercado (población o PBI), calidadprevisibilidad, simplicidad y estabilidad- del marco de referencia político (institucional y normativo, especialmente respecto de los derechos subjetivos,  y también marco social), apertura comercial externa (importaciones, exportaciones y marco de relacionamiento con otros mercados), regulaciones laborales (normas, costos salariales y no salariales), marco de referencia macroeconómico interno (tasa de inflación, tasa de interés, integración financiera externa, presión tributaria, política cambiaría), políticas productivas y comerciales internas (reglas de referencia específicas para el desarrollo de la actividad), disponibilidad y calidad de factores (recursos humanos, infraestructura, insumos, recursos naturales, servicios).

Al respecto, podría decirse que mientras Argentina muestra buenas calificaciones en intensidad y disponibilidad de ciertos factores (y hay problemas en el acceso a otros) y se prevén (y se esperan) más mejoras en la calidad del entorno macroeconómico; tiene condiciones intermedias (variables y heterogéneas) en escala de mercado o en el marco normativo; muestra calificaciones insuficientes pero con buenas perspectivas en políticas comerciales y estabilidad macroeconómica: y exhibe calificaciones insuficientes pero con incertidumbre futura en apertura comercial e instituciones laborales, y en el marco de referencia político.

Esto es: en Argentina, algunos de estos factores están en transición hacia mejoras, otros padecen rigideces difíciles de corregir y otros ofrecen ventajas reconocidas. Muchos elogiables cambios macroeconómicos impulsados por el nuevo gobierno deberían seducir inversiones. El nuevo gobierno, a diferencia de lo que ocurría hasta el año pasado, ha decidido favorecer la llegada de inversiones. Pero, a la vez, hay materias pendientes y asuntos de aun difícil corrección.

Hace unos años J. H. Dunning clasificó a la IED, de acuerdo a su motivación de localización, en cuatro grandes tipos: por búsqueda de recursos naturales, búsqueda de mercados, búsqueda de eficiencia, o búsqueda de activos estratégicos.

Una cuestión relevante será, pues, evaluar hacia dónde se dirige la IED en Argentina.

Una agenda para esta la materia, por ende, incluyendo lo que la administración gubernamental ya ha anunciado o puesto en marcha, y lo que deberá ser intensificado o mejorado, se dirigirá a las siguientes 10 metas:

  1. Propender a la sustentabilidad fiscal y reducir gradualmente el impacto del alto gasto público (en impuestos, emisión monetaria, endeudamiento, “atraso cambiario” y tasa de interés).
  2. Reducir aún más la tasa de inflación (especialmente a través de la política monetaria, luego por los efectos de la corrección del déficit de presupuesto, y en sintonía con mejoras en las políticas de competencia).
  3. Propender a la existencia de un mercado de capitales y un sistema financiero enfocado a proyectos privados productivos y eficientes.
  4. Generar proyectos de infraestructura –carreteras, puertos, telecomunicaciones- que a la vez que atraigan inversores mejoren las condiciones “mesoeconómicas” para las inversiones privadas.
  5. Reducir la sobre -regulación de la economía (restricciones normativas o aún políticas varias a nivel federal -nacional-. provincial y municipal, en ámbitos variados como precios, exigencias técnicas, administrativas o contractuales requeridas, o trámites y burocracia).
  6. Propender a un régimen de comercio internacional con moderadas regulaciones a la importación (especialmente en materia de bienes de capital, insumos, piezas y partes), con más facilidades para la exportación (por ejemplo en materia de trámites, regulaciones o acceso a beneficios); y con una intensa actividad internacional de apertura de mercados externos a través de acuerdos internacionales acompañada de actividades de promoción comercial internacional eficientes.
  7. Mejorar sustancialmente el funcionamiento de la administración pública y sus regímenes (administración de impuestos, régimen cambiario, trámites requeridos para autorizaciones y habitaciones, formalidades para aperturas de plantas, creación de sociedades, habilitaciones varias, transparencia, etc.).
  8. Garantizar el acceso a bienes y servicios públicos (en bienes económico/ productivos, como especialmente energía eléctrica, gas y combustibles; y en bienes públicos como la seguridad pública para la vida, la salud y las propiedades), y asegurar el funcionamiento eficiente, en tiempos razonables y previsibles del sistema jurisdiccional (administrativo y judicial).
  9. Reducir la conflictividad (social, laboral, delictual y política).
  10. Alentar una sustancial mejora en los resultados de todas las actividades de formación de recursos humanos (formal -el sistema educativo- y no formal – las actividades de capacitación, mejora de competencias laborales y desarrollo de aptitudes profesionales-).

 

 

 

Marcelo Elizonco

Director General

Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI)

Argentine Chapter, ISPI -International Society for Performance Improvement-

 

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